lunes, 20 de abril de 2009

DESIERTO ADENTRO - Rodrigo Plá (México)

DESIERTO ADENTRO
de Rodrigo Plá (México)


por Edgar Rubio (Acapulco, México)

Quienes hemos experimentado la culpa sabemos el infierno de vivir sin posibilidad de paz.

¿Cómo revelar en el cine este tormento misterioso de la conciencia?

Esta conciencia culposa ha marcado la historia religiosa de México. Las manifestaciones de esa culpa pasan por peregrinaciones, rezos, vestimenta y resguardo de niños santos, vírgenes peregrinas, procesiones, mandas, retablos…

¿Qué mueve esta expresión de la religiosidad del pueblo de Dios?

Entre 1926 y 1929 esa religiosidad fue desviada hacia la Guerra Cristera. El gobierno fanático de Plutarco Elías Calles cerró los templos y optó por extirpar una fe que concebía como enajenante.

Obispos, sacerdotes y en especial laicos optaron por la opción militar para salvaguardar el derecho a la libertad de creer.

Encontraron un pueblo propicio para la lucha, capaz de seguir la autoridad de los párrocos, dispuesto a dar la vida por una tradición concentrada en templos, en imágenes y en la figura de los consagrados.

De este caldo de cultivo surge Elías (Mario Zaragoza), el protagonista de Desierto Adentro (México, 2008) película del director uruguayo formado en México, Rodrigo Plá.

Él no parece dispuesto a tomar las armas por la Iglesia. Pero la creencia en el destino de los niños no bautizados lo deposita en el terreno de la culpa.

“Maldito es quien por preservar la vida de uno de sus hijos permite la muerte de sus hermanos”. Ésta y otras maldiciones terminan por arrojarlo al desierto. Encamina en esta locura a sus hijos. A uno de ellos lo encierra, como Niño Dios, en un relicario y en un baúl.

El cifrado vétero-testamentario del filme nos muestra los símbolos del desierto, de un Dios inmisericorde, de un hombre condenado, de la ausencia de providencia divina, de sacrificios y de expiaciones que no terminan por “complacer” a un Dios desencarnado de la vida, sin presencia comunitaria y sin amor.

Elías arrastra en esta fe desierta a sus hijos vivos. Los preserva para cumplir la encomienda de construir un templo y calmar, así, la ira de Dios.

A él lo mueve el miedo. Teme perder lo que ama.

La fuerza íntima de la libertad comienza a desplegarse en la conciencia de sus hijos: uno desea una mujer, otra tocar lo que se le ha presentado como prohibido, otro más sólo subir un árbol. La fotografía y la banda sonora del filme nos comunican con fuerza estas convicciones.

La libertad del amor choca con la desolación del miedo. La culpa sin misericordia sólo deriva en muerte como con el traidor de las treinta monedas, incapaz de mirar en la cruz la felicidad redentora de quien da la vida por sus amigos.

La religión cuando en lugar de revelar sesga, cuando en lugar de liberar encierra, y cuando en lugar de amar opta por infundir miedo, se convierte en un totalitarismo atroz, cercano en formas y actos a los peores totalitarismos de la historia de la humanidad. Es una religión incapaz de ofrecer esperanza.

Rodrigo Plá, vía las manos de Aureliano (Diego Cataño), el hijo más pequeño de Elías, parece repetirnos que la única expiación humanizante es la que deriva en arte.

Una y otra vez los sucesos más trágicos, pero también los que son fuente de esperanza, son transformados por Aureliano en retablos religiosos bellamente elaborados, que dotan de una textura fantástica e icónica al filme de Plá.

A través de ellos se graba el tiempo-vida de su familia. Nada, ni la muerte, escapa a su mirada y a su arte.

Un arte que terminará liberándolo de la obsesión pecaminosa del Padre. Al final, tras la pérdida de lo amado, comprende que sólo la Misericordia puede abrir al hombre a la libertad y al bien, y corre. Nada podrá ya detenerlo.

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DESIERTO ADENTRO
Director. Rodrigo Plá.
Productores: Germán Méndez y Rodrigo Plá
Guión. Laura Santillo y Rodrigo Plá.
Fotografía: Serguei Salívar
Música: Jacobo Lieberman
Intérpretes: Mario Zaragoza, Diego Cataño, Martín Zapata, Hielen Yánez, Luis Fernando Peña.
México, 2008
Mención honorífica de SIGNIS en el Festival Cero Latitud, en Quito, Octubre 2008